En El Límite Blog

La Historia es un Espiral

Noviembre 10th, 2016 · No Comments · Política

Es curioso ver como los resultados de elecciones de Estados Unidos 2016 esta semana despiertan toda clase de reacciones.  La mayoría de estas caen en un ámbito emocional variado, que van desde las catastrofistas, otras más moderadas, hasta el voluntarismo ingenuo de que los pueblos son sabios y dejarlo todo en manos de Dios.  Pero ya sea alarmándose, vociferando, ignorando, o siendo optimistas, en el fondo siempre aparece el temor, el miedo es un factor fundamental que mueve los corazones y no deja a nadie indiferente. Nos sucede a todos, ante los hechos diarios, juzgamos y valoramos, todo es malo o bueno según lo percibimos de entrada, es una carga emocional que recibimos en el día a día, nuestro cerebro está configurado para hacerlo así, es un mecanismo de alerta. Esto nos lleva a una gran paradoja del hombre moderno, vive mejor que el pasado, tecnificado y con cierta arrogancia de sus avances, pero a la vez infantilizado todavía con mucha angustia, preocupación y stress: a qué? a las noticias, a la política, desempleo, al costo de la vida, al crimen. Miedo de carencias presentes y futuras, a la separación, muerte, el mundo es un pañuelo y en tanto barullo se ha perdido paz y confianza. Surge entonces la incógnita, que hacer ante ello, suprimir el miedo, ignorarlo, apaciguarlo, engañarnos…?

 

Eso es una pregunta con muchas respuestas, pero lo más sensato es la aceptación de esa realidad en un sentido amplio.  Esa aceptación a nivel práctico no es indiferencia ante los problemas, es trabajo y acción, pero también en un plano superior de conciencia, es paz mental, conexión con la sabiduría interior y reflexión.  Mucha reflexión que sin duda es necesaria en tiempos difíciles – todos los tiempos son difíciles – , y que nos puede llevar a muchos lugares, pero observando en perspectiva lo que pasa, en el fondo lo que hace falta es comprender que somos parte de un orden no controlado, incierto, infinito, caótico, es el ser de la dimensión dual y densa que vivimos. Vemos entonces que hay épocas de integración, consolidación, trabajo de ideales, y otras de azar, indeterminación, pesimismo, derrotismo, tanto en lo individual como social.  Donde hay crisis, ya se han sembrado semillas de su solución, y donde hay progreso, se gesta las condiciones para su desintegración.  No hay por tanto doctrinas absolutas para explicar la historia.

 

En ese contexto las sociedades y personas avanzan inexorables, pero ese avance es accidentado, como un péndulo que se mueve oscilante, a través de un gran espiral que se va recorriendo poco a poco.  Es un espiral que en cierto momento los fenómenos se reiteran, como en un eterno retorno, pero no en forma idéntica sino en paralelo, las lecciones no aprendidas se repiten y se vuelven a repetir pero a otro nivel superior, el sufrimiento y la desesperanza es parte inevitable de ese aprendizaje, porque así es la naturaleza del mundo. Un texto del filósofo Javier Martínez Gracia, citando a Gustave Le Bon, lo ilustra en la historia de las civilizaciones:

 

“Si consideramos en sus grandes líneas la génesis de la grandeza y la decadencia de las civilizaciones que han precedido a la nuestra, ¿qué es lo que vemos? En la aurora de dichas civilizaciones, un conjunto base de hombres, de orígenes diversos, se reúne por los azares de las migraciones, las invasiones y las conquistas (…) Son bárbaros (…) Ese pueblo no saldrá de la barbarie sino cuando, después de prolongados esfuerzos, (…) haya adquirido un ideal. Poco importa su naturaleza. Ya se trate del culto a Roma, del poderío de Atenas o del triunfo de Alá, bastará para dotar a todos los individuos de la raza en vías de formación de una perfecta unidad de sentimientos y pensamientos (…) Tras las características móviles y cambiantes de las masas estará aquel estrato sólido, el alma de la raza, que limita estrechamente las oscilaciones de un pueblo y regula el azar.

 

Pero ya decía Lao Tsé que “tras alcanzar su plenitud, las cosas decaen”. Y Ortega y Gasset: “Al alcanzar una forma su máximo se inicia su conversión en la contraria”. En la historia de Gilgamesh, rey sumerio que buscaba la inmortalidad, meditaba el carácter transitorio, perecedero de las empresas humanas. Es el camino abajo en que también consistía el camino arriba. Prosigue Le Bon: “Con el progresivo desvanecimiento de su ideal, la raza va perdiendo cada vez más aquello que mantenía su cohesión, su unidad y su fuerza (…) Aquello que constituía un pueblo, una unidad, un bloque, concluye por convertirse en una aglomeración de individuos sin cohesión y que aún mantienen artificialmente durante algún tiempo las tradiciones y las instituciones. Entonces, divididos por sus intereses y sus aspiraciones, no sabiendo ya gobernarse, los hombres piden que se les dirija hasta en sus menores actos y el Estado ejerce su absorbente influencia. Con la definitiva pérdida del antiguo ideal, la raza concluye perdiendo también su alma (…) Presenta todas sus características transitorias, sin consistencia y sin mañana. La civilización carece ya de solidez y cae a merced de todos los azares. La plebe es reina y los bárbaros avanzan”.  Dios es un espiral, hay un lado oscuro en toda ilusión que hace vana cualquier esfuerzo por conseguirlo. (Cioran)

 

Qué lecciones faltan por aprender? Muchas tal vez, estamos gateando aún en esa espiral de la historia.  Javier Gomá nos habla del peligro de una democracia sin ideal, Occidente no sabe ya que defender, ha perdido el norte, la degradación política es mera consecuencia de una cultura decadente, reflejo de valores superficiales y de falta de motivación, ese impulso que sólo en momentos de crisis sale a relucir.  No hay crisis, entonces la tragedia se llama, “necesitamos por tanto lo peor de nosotros mismos”, dice Martínez Gracia, es el apego a la sombra lo que nos hace reaccionar afirma Jung.  Es la consecuencia de un hombre moderno que conquista su libertad y derechos, y se liberó de reyes inquisidores, pero no sabe qué hacer con ella, por ello acuden reiteradamente a la moral de rebaño, el viejo miedo a la libertad de Fromm aparece aún como un fantasma persistente, los pueblos quieren un buen amo, un mesías, un showman que los salve, que los guíe, apelando al caos nuevamente. Sólo en algunas épocas y naciones se ha alcanzado una cierta madurez, el ciudadano común en su día a día pasaría a ser el gran protagonista de la historia. Grandes retos por delante. Pero hay esperanza: decía Ortega y Gasset: “la vida ha triunfado sobre el planeta gracias a que en vez de atenerse a la necesidad la ha inundado, la ha anegado en exuberantes posibilidades permitiendo que el fracaso de una sirva de puente para la victoria de otra”.    espiral-ascendente

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