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Salirse de la Matrix - En El Límite Blog -
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Salirse de la Matrix

agosto 1st, 2014 · No Comments · Vida y Cultura

Lo esencial es invisible a los ojos decía “El Principito”, de Saint- Exupéry con acierto.  Pero que es eso que llaman esencial? Por qué nos cuesta tanto verlo, precisarlo? Experimentamos y vibramos con sentimientos y emociones, sabemos que hay algo más, pero normalmente nos desenvolvemos en lo material, en lo visual, a diario nos enfrentamos con necesidades, obligaciones y problemas, con una pesada carga emocional, parece como una cárcel que a veces quisiéramos escapar y salir corriendo.

De hecho escapamos y lo hacemos a menudo, con entretenimientos, pasatiempos, trabajo, quehaceres.  Lo más común es dejarse llevar, hacemos la vida más light, sin más, disfrutamos, reímos o lloramos, sin mucha complicación.  Otros, un poco más reflexivos buscan alguna receta por ahí de la felicidad, alguna filosofía de vida, se compenetran con una religión, y por qué no ir a estudiar física cuántica y teorías de planos dimensionales. 

Pero hay una forma más simple y accesible para salirse de la matrix.  La antigua sabiduría oriental nos dice que vivimos en un mundo de apariencias, ilusiones, espejismos, todo dirigido por un caballo desbocado que es nuestra mente, y que todo el día nos bombardea con ideas, necesidades, emociones, conflictos y con proyecciones del pasado y futuro, que nos crean ansiedad.  Si logramos dominar a esta, a nuestro más profundo Yo, un conócete a tí mismo a través de la meditación y observación conciente, salimos de esa ilusión, a un plano superior de contemplación neutral de las cosas, donde se puede atisbar un poco la verdad y encontrar paz.  Budhaa nos dice que el primer motivo de sufrimiento es la ignorancia, pero no entendida como falta de conocimientos, sino en la falta de ver las cosas como son, en quitarnos esa venda que nos impide ver.  Lo que conocemos del mundo con nuestros sentidos son las olas, más allá está el océano que las sostiene, la Vida, insondable, inagotable, ilimitada y de lo que formamos parte.

No es el camino fácil como la pastillita azul o roja que le ofrecen a Neo en la cinta de cine, pero es una opción a considerar.  No es una religión, ya que no plantea verdades, ni respuestas, sino un camino a recorrer por cada uno, a elegir en cada momento la paz en vez del conflicto, a proyectarse en la unión universal, a ver lo fugaz y relativo del mundo, enfocarse en el presente y ahora. Tampoco es una guía para todos, ya que otros prefieren otras vías, y están bien, no se juzga, no se buscan adeptos.  No hay líderes ni reglas, es un camino individual, voluntario. Un representante más moderno de dichas creencias, como lo fue Krishnamurti rechazó fundar un credo en 1921, cuando tenía miles de fanáticos que se lo pedían, él dijo que la verdad nunca puede ser mostrada o guiada por una autoridad.

En Occidente hay poca apertura para tales ideas, todavía más reticente con lo materialista y consumista de nuestra época.  La principal oposición es por líderes religiosos que sienten amenazadas sus creencias y dogmas, sin embargo, en el fondo dichas enseñanzas están en consonancia con lo que la esencia que dijeron los grandes maestros espirituales, incluyendo Jesús (“mi Reino no es de este mundo”), y que otros pensadores han hecho aportes a través de todos los tiempos, Chuang Tzu, Lao Tse, Heráclito, Epicteto, Emerson, Einstein, por ejemplo, que simplemente van más allá de los ritos, trascendiendo los credos, las divisiones y las ideologías.

Otra motivo de reservas cuando se considera esa tipo de sabiduría es que se considera que son creencias con poca racionalidad fuerte, se reducen a teorías y visiones místicas, en las cuales hay poco grado de intersubjetividad.  Cierto, pero parafraseando a Albert Einstein, una mente no puede resolver el problema que la misma mente creó.  Nietzsche, tal vez, uno de los autores más irreverentes del mundo occidental, nos señalaba lo absurdo de una moral impuesta por una supuesta autoridad divina en la tierra, que se sintetiza en la frase “Dios ha muerto”, pero también nos señala las limitaciones de la razón lógica para dar explicaciones coherentes y profundas de lo que sucede, que se resume en la frase “La razón ha muerto”. El desacredita al positivismo y a la razón como fuente de verdad, para él esta tenía serios vicios como lo demuestra, nada es como aparenta, toda construcción lógica tiene muchas deficiencias, de ahí el relativismo que domina a partir de entonces y que muchas veces nos confunde.  Cuando en el mundo se responde una pregunta, aparece otra y otra y otra.

Curiosamente este exceso de racionalismo que criticaba Nietzsche, es una mentalidad muy arraigada en América Latina, tal vez como un fuerte resabio de la Ilustración que nunca superamos.  Es decir, para todo buscamos teorías de lo bueno y lo malo con la convicción firme que podemos organizar y manejar la sociedad y la vida, arreglar un problema con una ley, o que sabemos lo que pasa, se me recuerda a mucho político haciendo promesas que van a cambiar el mundo.  Al final es el mundo el que los cambia a ellos.  Es que tratan de aplicar leyes de la naturaleza, de la razón, de la matemática, a la convivencia humana, a la vida, al Tao o el Todo, esa es una arrogancia tremenda. La vida es demasiado compleja para manejarla, entenderla en un todo o presumir saber de que es lo que pasa. Ahí queda evidente la arrogancia del intelectual, sus limitaciones, y la realidad se burla de todo el que pretende tener el control y manejar las cosas.

Por último, otros detractores critican esta filosofía universal por ser una actitud pasiva, contemplativa, no hacedora, por lo que aparentemente lo que hay irse como un lama tibetano a hacer mantras en la cima de una montaña.  Lejos de eso, hay un refrán Zen que dice “Antes de la iluminación carga agua y corta madera. Después de la iluminación carga agua y corta madera.”  Otra enseñanza nos dice:  Hay una manera de vivir en el mundo que no es del mundo, aunque parezca serlo. No cambias de apariencia, aunque sí sonríes mucho más a menudo.

En fin, en estas épocas convulsas en que abunda la discusión y el enfrentamiento, y en que hay un caos de información que muchas veces impacta, perturba, desconcierta, es bueno tener un marco de referencia firme que como un ancla en alta mar proporcione integridad, sentido y paz.  Comprende un cambio de actitud, de observarse más, de vivir más interiormente, no tanto en las apariencias y las formas, así dejar un poco la discusión, la quejadera, las bajezas, las actitudes más mundanas y egoicas.  Al final, se trata de de que pueda resplandecer lo mejor de cada uno, tal vez vibrando más alto, con más conciencia, en una vivencia más universal y trascendente.  Es parte de una sabiduría que hay que recobrar.  Al rato de camino por ahí nos toparemos con una amiga que le dicen felicidad.  Namaste!

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