En El Límite Blog

Campaña inmadura = democracia inmadura

enero 23rd, 2014 · 1 Comment · Política

La madurez de una democracia puede medirse en la medida en que esta sea capaz de resolver problemas, satisfacer a los ciudadanos y dar resultados.  Si bien Costa Rica lleva bastante tiempo en el camino democrático, y hay logros en su transparencia y estabilidad, no es de negar que hay altibajos en los resultados, con sombras de corrupción, pobreza, poco crecimiento, inseguridad, alto costo de la vida, problemas de infraestructura, que oscurecen el panorama.

Si buscamos pistas porque no se avanza, en la campaña electoral encontramos la respuesta.  Esta refleja lo mal que se desarrolla la vida democrática en nuestro país, en que lejos de discutir los temas de fondo, nos quedamos con mucha mentalidad pueblerina. Son lastres que arrastramos, y no hay que ser un experto para prever que estos síntomas se van a ahondar más durante los próximos 4 años de gobierno y que se auguran tiempos difíciles. Veamos 3 de estos aspectos, entre otros, y que casi forman parte de la idiosincrasia de la ingobernabilidad de este país.

1) Sistema electoral y político entrabado: se exponen con orgullo programas de gobierno en la campaña política pero no hay métodos para exigir resultados y compromisos más adelante, eso denota que estamos eventuales agendas ocultas, componendas no deseadas, ante las cuales no podemos hacer nada. Igualmente no hay reformas políticas que agilicen la toma de decisiones en este país, incluyendo, cambios en el reglamento legislativo, elección directa de diputados, destitución de funcionarios incompetentes y mejora de incentivos y eficiencia en empleo público, mejora en mecanismos de referéndums, avances en gestión política y de recursos a nivel regional, mejor asignación de deuda política, control efectivo de corrupción, entre otros.  Si una asamblea de partido no puede invalidar un nombramiento de un diputado recién nombrado, imagínense ya en el poder, nos perdemos en legalismos, recursos, y acusaciones.  Todo está hecho para que grupos de poder minoritarios y fácticos o hasta una sóla persona puedan imponer condiciones por las buenas o por las malas. Así no vamos a ningún lado.

2) Discurso político vago, superficial y creación de expectativas altas.  En el mensaje político y programas de gobierno prevalecen los fines populistas, talvez con buenas intenciones, pero nada más.  No hay ideas claras en la forma, implementación, y ejecución que denoten un cambio efectivo.  Es como hablar que la contaminación de un río se elimina reduciendo la basura en su cuenca, la limpieza ayuda pero el problema va por otro lado.  Entre decir que se crean empleos, mejorar infraestructura y eliminar pobreza, y hacerlo, hay una secuencia de factores, que requieren de ciencia social, es decir síntesis de de una visión país, con una organización, ejecución de un proyecto común, incluyendo una reforma del Estado, un compromiso político y acuerdos de amplios sectores, así como control de los resultados. No es con un par de leyes que se resuelve un problema, son trabajos conjuntos que requieren amplio consenso, reformas en el manejo del gobierno, participación ciudadana y acción estatal.  Ya estamos cansados de escuchar que hace falta discutir los problemas del país en forma seria, no es simplemente enunciar abstracciones sino el indicar el cómo, la implementación, y hacerlo con liderazgo, los discursos deberían ser realistas, la gente más comprometida, y conciencia de la identidad de país y que tenemos que trabajar juntos si queremos lograr resultados.  O es que hay que hacer otro de los 20 planes de concertación nacional que desde hace 30 años se vienen gestando.  Planeación, organización, ejecución y control, el ABC de la administración se olvida en Costa Rica.

3) Polarización ideológica: esta elección parece una elección en Lenin, Bush y Salinas de Gortari.  Dios nos libre.  Decía don José Figueres con mucha razón que las ideologías son los dogmas del los que no tienen ideas.  Todavía en pleno siglo XXI en un pequeño país en Centroamérica, nos pasamos discutiendo si Marx o Adam Smith nos va a ser feliz, mucha culpa de esto es parte del subdesarrollo mental de América Latina y como este nos ha influenciado negativamente.  En una democracia moderna, las ideas socialistas y liberales, deben coexistir con diferentes matices, sin extremismos, en aras de promover la igualdad y libertad, pero con transparencia y resultados. Es también parte de la educación y madurez de un pueblo, sin educación se puede ser presa fácil de los demagogos y políticos populistas. Aquí en lugar de discutir como vamos a construir la carretera a Limón, modernizar los puertos, mejorar la Caja y la educación, dinamizar la producción agropecuaria, estamos sumidos en discusiones bizantinas que fragmentan, dividen y que a fin de cuentas va a ser difícil reunificar posiciones por el bien de Costa Rica.

Una democracia debe reinventarse y mejorarse en forma permanente, y Costa Rica está a tiempo de hacer cambios a futuro, pero primero hace falta ordenar la cancha y aclarar ciertas reglas básicas del juego, todos estamos en el mismo barco, todos queremos lo mejor para Costa Rica, mientras no lo tengamos claro, y así lo exijamos a nuestros políticos, vamos a dar palos de ciego.  Ignorar estos retos pendientes, pasarlos por alto, es un mal que después se puede pagar muy caro.

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